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1º Parte –
Para ser leída públicamente, a todo el Pueblo de Dios; en las Misas del
Domingo 12 de Junio de 2011, Solemnidad de Pentecostés
NO DEJO DE DAR GRACIAS A DIOS POR USTEDES, POR LA GRACIA QUE ÉL LES HA
CONCEDIDO EN CRISTO JESÚS (1 Corintos 1,4)
Queridos hermanos en el Señor con quienes comparto la Vocación a la
Vida, la misma expresión de Fe, las aspiraciones de la Esperanza
Cristiana y la única exigencia del hombre, que es el Amor. Este texto de
San Pablo a los Cristianos de Corinto, me ayuda a mirarlos a cada uno de
Ustedes y a sus Comunidades de un modo especial. También quiero decirles
con el Apóstol. En efecto, Ustedes han sido colmados en Él con toda
clase de riquezas, las de la Palabra y las del conocimiento, en la
medida que el testimonio de Cristo se arraigó en Usted (1 Corintos 1,5).
ESTAMOS EN
EL AMBIENTE PROPICIO DE PENTECOSTÉS
Hace unos años atrás, nos propusimos como comunidad diocesana:
“Emprendamos juntos el Camino a Jerusalén” (cf. Lc. 9,51) y así lo
vivimos. Como Jesús, junto a los discípulos, también nosotros vivimos
durante este recorrido logros y dificultades; distintos textos bíblicos
nos recuerdan los pasos que fuimos dando.
Aquella “Misión de los 72 discípulos”, narrada por San Lucas (cf. Lc.
10,1-12), me recuerda el envío, el trabajo y la posterior conclusión de
lo que significó la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe, en Aparecida. Al regreso de aquellas jornadas pastorales,
también nosotros llenos de gozo y movidos por el Espíritu Santo
exclamamos con Jesús: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
por haber ocultado éstas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas
revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido” (cf. Lc.
10,21)
Esta experiencia de Iglesia nos confirmaba que no estábamos errando en
nuestro camino pastoral. Hoy, varios años después, podemos decir que
“buscamos reavivar el impulso de los orígenes y dejarnos impregnar por
el ardor y la alegría de la predicación apostólica, haciéndonos
discípulos dóciles. para hacer presente el Reino como proyecto del
Padre”.
Como Marta y María, también nosotros “servimos y oramos a los pies del
Señor” (cf Lc. 10,38-42); mirando la realidad, escuchando sus gritos y
poniendo en clima de comunión cada iluminación que nos daba Jesús en el
Evangelio. Siguiendo el consejo del Señor y Maestro, estuvimos “atentos
y vigilantes” cuidando que el ladrón no nos robe la vida preciosa que
nos regala Dios, ni la dignidad de cada persona, sin dejar de anunciar
el Mensaje de Salvación y su Belleza (cf Lc. 12,35-40).
Las parábolas de la Misericordia (cf Lc. 15,1-32), siguen resonando en
nuestro ser, y nos invitan a transformar nuestra vida en nuevos y sanos
vínculos relacionales; transitando un permanente “camino de conversión
personal y pastoral”. Los relatos bíblicos nos recuerdan también los
sinsabores que debieron enfrentar. Jesús se lamenta por Jerusalén y
llora sobre ella: ¡Si tú también hubieras comprendido en este día el
mensaje de paz! (cf Lc. 19,42); enfrentando las discusiones con los
escribas y fariseos, con los sumos sacerdotes y los saduceos, que los
llevaron a la conspiración contra Él y la traición de Judas. (cf Lc.
22,1-6).
¡Cuánta sangre derramada como la de Jesús, vivimos también hoy! ¡Cuánta
gente sufre a diario por las injusticias, las desigualdades y la
violencia encubierta! ¡Cuánta desilusión por la indigencia que esclaviza
y somete!.
En las visitas pastorales que he realizado, me he encontrado con la
ofrenda generosa de aquellos, que como la viuda de Evangelio (cf Lc.
21,1-4) no dan lo que les sobra sino que comparten lo que tienen en
“tiempos y talentos”, ¡Cuánto gozo por la generosidad de laicos y
consagrados al servicio del Reino!.
Entre tantas realidades que duelen, Jesús también supo ofrecer lo que
es: “su Cuerpo y su Sangre en la Cena Pascual” (cf Lc. 22,19-20), “su
grito al Padre desde la cruz” (cf Lc. 23,46); y ese “profundo silencio
que trasformó el llanto de las mujeres en anunció de Redención” (cf Lc.
24,5).
Pero a pesar del testimonio acerca del Resucitado, que las mujeres
“refirieron a los Once y a los demás” (cf Lc. 24,9), los Discípulos de
Emaús, “con el semblante triste” (cf Lc. 24,9), intentan retroceder,
volviendo a su lugar de origen. Como a ellos, Jesús también salió a
nuestro encuentro, nos explicó las Escrituras y lo hemos reconocido en
la fracción del Pan; nuestro corazón comenzó a arder; y regresamos
nuevamente a Jerusalén (cf Lc. 24,32-33). También nosotros “buscamos un
encuentro personal y comunitario con Cristo vivo que transforme nuestras
vidas y comunidades”. Por eso, hoy, “queremos promover, madurar y
profundizar la lectura cotidiana de la Palabra de Dios para ver,
escuchar, y anunciar el misterio de la Vida. Queremos participar
activamente del Misterio Eucarístico, promover la Adoración Eucarística,
y hacer de nuestras celebraciones un encuentro con Jesús Vivo y presente
en nuestra vida”.
¡Queremos regresar a Jerusalén y allí encontrar reunidos a los Once y a
los demás!. (cf Lc. 24,33).
“Después de su Pasión, Jesús se manifestó a los discípulos dándoles
numerosas pruebas de que vivía” (cf Hch. 1,3). Sí, hermanos, en éstos 42
años de Vida Diocesana, “hemos visto a Jesús Vivo” entre los niños, los
jóvenes, las familias; lo hemos visto en medio de Laicos Comprometidos,
en la diversidad de las Instituciones y Movimientos, en la riqueza
insondable de la Vida Consagrada.
También nosotros, Iglesia Diocesana, con María y en la comunión de los
santos, hemos “orado y pedido discernimiento”; impusimos las manos sobre
Diáconos, Presbíteros y Obispos, “para desempeñar el ministerio del
apostolado” (cf Hch. 1,24-25).
Como les expresaba en mi Carta del Jueves Santo, en la Misa Crismal,
vuelvo a decirles ahora: “Trabajemos juntos, “hasta que llegue el Reino
de Dios”.
Hoy, en esta Solemnidad de Pentecostés, como Presbiterio y como Pueblo,
queremos …
Renovar el encuentro y el anuncio de Jesucristo vivo;
desde una Iglesia:
que tiene como centro la Palabra, la Eucaristía y la Evangelización
Permanente;
que es servidora, formadora y misionera, con la cordial pertenencia y
participación de todos;
que vive una clara opción por la familia, los más necesitados, los
jóvenes y las vocaciones;
para la transformación; de la Sociedad, la Educación, la Cultura y el
Trabajo;
hacia la Civilización del Amor, la Comunión y la Cultura de la Vida;
al servicio de todo hombre y de todos los hombres, y sus vínculos sanos
con los demás.
Este Objetivo General del Plan Diocesano de Pastoral nos invita
personalmente a seguir trabajando juntos, porque ahora estamos en el
ámbito de Pentecostés, y como aquella primera comunidad cristiana,
“también nosotros nos sentimos reunidos en un mismo lugar” (cf Hch.
2,1).
En el marco favorable de Pentecostés con María, invito a todas las
Comunidades Diocesanas a “vivir en estado de Asamblea Diocesana”; y a
participar con generosa entrega, del “Camino a transitar …”.
Sacerdotes, Diáconos, Seminaristas, Consagrados, Matrimonios, Jóvenes,
Movimientos e Instituciones Diocesanas… los abrazo de corazón con mi
Bendición Pastoral en Cristo el Buen pastor.
¡DIOS ES AMOR!
+Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
Carta Pastoral de Pentecostés 2011
Convocatoria a la Asamblea Diocesana de Pastoral
2º Parte – Para ser leída públicamente, a todo el Pueblo de Dios;
en las Misas del Domingo 19 de Junio de 2011, Solemnidad de la Santísima
Trinidad
ANIMADOS POR EL ESPÍRITU,
RECONOCEMOS LOS LUGARES DE ENCUENTRO CON JESUCRISTO.
Queridos hermanos en el Señor, celebrando el misterio de la Santísima
Trinidad, me comunico nuevamente con ustedes, compartiendo esta Carta
Pastoral, nacida en el cenáculo de Pentecostés.
Comienzo con una hermosa expresión de San Pablo, que hoy hago mía en
ustedes:
“Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor,
si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el
Espíritu, o la ternura y la compasión,
les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos.
Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento”.
Filipenses 2,1-2
Con el nuevo Objetivo General:
“Renovemos el Encuentro y el Anuncio de Jesucristo Vivo”,
Opción del Camino hacia una Pastoral más Orgánica y Participativa, nos
sentimos convocados por el Espíritu Santo a la Asamblea Diocesana de
Pastoral, para ser testigos de Jesús Resucitado .
“El Espíritu Santo que nos anima, es el mismo que impulsó a Jesús.
Él nos hace participar de la vida y de la misión del Salvador” (cf. NMA
3).
Para el mundo de hoy, parece que Dios no vive en la Ciudad, que Dios
está ausente, la persona de Jesucristo pasa inadvertida. Aquella primera
comunidad cristiana, como nosotros, se sentiría impotente frente a tanto
aturdimiento.
La Solemnidad de la Ascensión nos hizo reconocer la vuelta de Jesús al
Padre: “les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el
mundo, en cambio, se alegrará” (cf. Jn 16,20); y así nos conviene que
sea, porque la presencia de Cristo junto al Padre es nuestro triunfo al
ver a la humanidad totalmente restituida: “Aquel día no me harán más
preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo
concederá en mi Nombre” (cf. Jn 16,23).
Cada uno de nosotros estamos en nuestras cosas, en nuestros espacios;
sin embargo, en estos días de Pentecostés, sentimos que la comunión que
vivimos es un signo de los tiempos.
Aunque no estemos reunidos al mismo instante, en un único techo como
aquella comunidad, nuestro ardor se conjuga en que el Espíritu Santo
está y nos hará salir de nuestros temores: “cuando venga el Espíritu de
la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por
sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá
sucediendo. (cf. Jn 16,13).
En estos días siento en mi corazón, muy cercana, la presencia de María,
Madre de Jesús y Madre de la Iglesia. Ruego a Dios para que también
ustedes sientan esta cercanía de la Madre de Dios; especialmente los que
sufren.
Siento también en mi corazón de Obispo la cercanía de los Apóstoles
Pedro y Pablo con quienes comparto el mandato de Jesús: “Vayan y hagan
que todos los pueblos sean mis discípulos” (cf. Mt 28,19). Y me uno a
las 60 horas de Adoración Eucarística, por los 60 años de Sacerdocio del
Papa Benedicto XVI.
Queridos hermanos en el Señor, con quienes comparto la Vocación a la
Vida, la misma expresión de Fe, las aspiraciones de la Esperanza
Cristiana y la única exigencia del hombre, que es el Amor…recuerdo con
alegría:
A Mons. Jorge Carreras, a quien le tocó poner en marcha una Diócesis que
se iniciaba a pocos años del Concilio Vaticano II, pero creo que la
Exhortación Apostólica Evangelli Nuntiandi, (Sínodo 1974), lo habrá
iluminado y proporcionado los elementos necesarios para aquél momento
histórico.
Al querido Mons. Rodolfo Bufano, a quien le tocó dar continuidad al
trabajo pastoral a través de Puebla, y las Líneas Pastorales para la
Nueva Evangelización (CEA 1990).
A Mons. Jorge Menvielle quien celebró junto a ustedes el Jubileo del Año
2000, inaugurando el Tercer Milenio con los aportes del Beato Juan Pablo
II en su Carta Novo Millennio Ineunte (2001), generando junto a todo el
Episcopado Argentino las Líneas de “Navega mar adentro”(2003).
A nosotros nos toca continuar sus huellas.
Jesús ha rezado al Padre por nosotros: (cf. Jn 17,20).
“No ruego solamente por ellos, sino también por los que gracias a su
palabra, creerán en mí”
“En el pueblo de Dios, ‘la comunión y la misión están profundamente
unidas entre sí…
La comunión es misionera y la misión es para la comunión’
En las Iglesias particulares, todos los miembros del Pueblo de Dios,
según sus vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la
comunión y en la misión.
(Doc. Aparecida, Nº 163)
Queridos hermanos, estas palabras recibidas del Documento de Aparecida
nos dan el marco de referencia de lo que estamos viviendo. No las he
elegido para que justifiquen nuestra tarea pastoral, sino porque
muestran la comunión de espíritu con los hombres y con los pueblos de
América
Como lo he aconsejado en las visitas pastorales a las comunidades, hoy
también los invito a leer, meditar, y a encarnar en nuestras vidas este
Capítulo nº 5 del Documento de Aparecida:
“La Comunión de los discípulos Misioneros en la Iglesia”
De esta manera renovaremos el “llamado de Jesús a vivir en comunión” (Doc.
Aparecida, 5.1); se restablecerán también “los lugares eclesiales para
la comunión” (Doc. Aparecida, 5.2); comprenderemos mejor a los
“Discípulos misioneros con vocaciones específicas” (Doc. Aparecida,
5.3); y a “los que han dejado la Iglesia para unirse a otros grupos
religiosos” (Doc. Aparecida, 5.4); muy unidos al “Diálogo ecuménico e
interreligioso” (Doc. Aparecida, 5.5).
No hemos improvisado nuestro camino pastoral, ya está por llegar lo que
estábamos esperando; nos preparamos para iniciar una nueva etapa
pastoral.
Por eso, en el marco favorable de un nuevo Pentecostés para toda la
Diócesis de San Justo, invito a todo el Pueblo de Dios a permanecer en
estado de Oración y de Asamblea Diocesana”; y a participar con entrega
generosa, en el “Camino que estamos transitando…”.
Quiero invitar especialmente a todos los niños de las Parroquias,
Colegios e Instituciones a
DIBUJAR UN TREN QUE TENGA: locomotora y vagones, con las vías, las
estaciones del andén y con muchas personas… ¡DONDE LOS COLORES Y LA
ALEGRÍA NOS INVITEN A SUBIR! Tienen tiempo hasta el 9 de Julio, ya que
ese día, en el Colegio Parroquial de San Justo, tendremos “Nuestra
Asambleas Diocesana de Pastoral”.
Sacerdotes, Diáconos, Seminaristas, Consagrados, Ancianos, Enfermos,
Familias, Niños; Comunidades Parroquiales y Educativas… los abrazo con
mi Bendición pastoral en Cristo y María.
¡DIOS ES AMOR!
+Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
Carta Pastoral de Pentecostés 2011
Convocatoria a la Asamblea Diocesana de Pastoral
3º Parte – Para ser leída públicamente, a todo el Pueblo de Dios;
en las Misas del Domingo 26 de Junio de 2011, Solemnidad de Corpus
Christi
VIVIMOS DE LA EUCARISTÍA
Queridos hermanos en el Señor
“Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y
dijo a Felipe:
‘¿Dónde compraremos pan para darles de comer?’”
(San Juan 6,5)
La respuesta del Apóstol Felipe, puede seguir resonando todavía en
nuestra historia y en nuestros días. “Felipe respondió: Doscientos
denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de Pan”
( San Juan 6,5). Felipe respondió con sensatez, quizás como lo
hubiésemos hecho nosotros. Pero en la escena evangélica se conjugaron
otras miradas: El Apóstol Andrés observa la ofrenda de un niño; y Jesús,
además de ver la necesidad pone en evidencia la providencia y la
generosidad de Dios Padre. Él nos dirá más adelante en el Discurso del
Pan de Vida: “es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo” (Cf.
Jn. 6,32)
¡Qué importante es dejarnos enriquecer con “otras miradas, especialmente
la mirada de Jesús”!
La Eucaristía nos convoca, ella es el alimento de nuestra vida de fe,
“vayamos a su fuente”
Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía
está en el centro de la vida eclesial.
Con la comunión eucarística la Iglesia consolida también su unidad como
cuerpo de Cristo y así nos propusimos vivirlo en este nuevo Pentecostés
Diocesano, celebrado íntimamente en las comunidades. “La Iglesia es hoy
reforzada por el divino Paráclito a través de la santificación
eucarística de los fieles”.
La Misa de Corpus Christi, celebrada en la Catedral, como aquella
multiplicación de los panes, es y será una oportunidad diocesana para
nutrirnos y manifestar al mundo la presencia real de Cristo
El don de Cristo y de su Espíritu que recibimos en la comunión
eucarística colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad fraterna
que alberga el corazón humano. Por eso les propongo que en la Misa de la
solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se haga la “Bendición y el Envío
de quienes participarán en la Asamblea Diocesana de Pastoral”
Creemos que la Iglesia es la comunidad que hace posible el Encuentro con
Cristo vivo,
en el Pan de la Palabra y de la Eucaristía, acompañado de una profunda
espiritualidad mariana;
y que el Agente de Pastoral es el que escucha la Palabra,
vive la comunión fraterna, y anuncia a Cristo con su vida.
Convoco también en la Catedral a todo el Pueblo de Dios a participar de
la Misa que el 9 de Julio tendremos al cierre de nuestra Asamblea a las
16.
Más aún, los convoco también a que el 22 de Agosto , Fiesta de María
Reina, le ofrezcamos a Ella y recibamos nosotros en la Celebración
Eucarística el “Documento Conclusivo del trabajo Pastoral Diocesano”.
María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera
instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno para la
encarnación del Verbo de Dios.
Hay, pues, una analogía , una” semejanza” profunda entre el fiat
pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel
pronuncia cuando recibe el Cuerpo del Señor.
En el Magníficat, está presente la tensión escatológica de la
Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la “pobreza”
de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen
de la nueva historia, en la que se “derriba del trono a los poderosos” y
se “enaltece a los humildes”. Por eso, queremos “Consagrar el Plan
Diocesano de Pastoral a los pies de la Virgen de Lujan” el próximo 10 de
Octubre en nuestra Peregrinación Anual Diocesana.
Los invito a todos a mantener viva la oración que nos acompañó desde el
principio, y los abrazo con mi Bendición Pastoral en el Corazón de
Cristo y de María, estrella de la Nueva Evangelización .
¡DIOS ES AMOR!
+Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Juston
¡DIOS
ES AMOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
“¡ELIGE LA VIDA Y VIVIRÁS!”
¡Señora del
Sábado Santo junto contigo esperamos la Resurrección!
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