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Queridos Hermanos, Pastores , Consagrados/as y
fieles cristianos laicos: Al celebrar la Ascensión del Señor Jesucristo,
hemos recibido de sus manos, como Iglesia Diocesana, la antorcha luminosa
de la Misión y la alegría de emprender juntos, un camino pastoral, que se
irá haciendo con la cordial pertenencia y participación de todos.
Cristo al
entrar en la Gloria nos asegura su presencia viva entre nosotros hasta el
fin de los tiempos en la forma de clave sacramental. Se queda como pan de
Vida en su Palabra, que debemos anunciar con fidelidad a todos. Permanece
en la Eucaristía como Pan Vivo, para que su Visita redentora y
transformadora, haga florecer y madurar frutos de Comunión, en cada una de
las comunidades, llamadas a vivir y a hacer viva la Visita de Dios a su
Pueblo peregrino. Se manifiesta a nosotros, de manera cercana en cada
hermano, varón o mujer, niño, joven o anciano, especialmente en los más
pobres de pan y en los más necesitados de amor.
1) DESDE
EL PADRE Y CON EL PADRE NOS ENVIA AL ESPIRITU SANTO
En estos
días de espera pentecostal, hemos subido con María y los Santos Apóstoles
al Cenáculo, para vivir una experiencia fuerte del amor de Dios que se
derrama en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado. Con
María y la Iglesia estamos siempre en clima de Cenáculo para recibir al
Espíritu Santo que viene en ayuda de nuestra debilidad y nos hace entrar
en el corazón de la Visita de Dios a su Pueblo, en la Presencia de Cristo
, el enviado por el Padre.
En el
Cenáculo, lugar del encuentro de Cristo con los Discípulos, nosotros
hacemos memoria y revivimos el Misterio de la Última Cena. Es la primera
Eucaristía como epifanía de la Pascua, que nos abraza hoy en cada Altar
donde se celebra el Santo Sacrificio. Es fuente y cumbre de toda la vida y
misión del cristiano. En ella nos experimentamos desde cada Parroquia como
Iglesia Diocesana que se anima a preguntarse con seriedad y sinceridad:
Iglesia: ¿Qué dices de ti misma? , ¿ Cómo sientes , vives y acoges la
Visita de Dios? ¿ Cómo valoras y eres agradecida con las maravillas que el
Señor fue haciendo en tu historia? “¡ El Señor es mi Pastor , nada me
puede faltar! ”( S 22)
La Iglesia,
que en la Cruz, nació del costado abierto de Cristo , en Pentecostés ,
recibiendo al Espíritu Santo, que el Padre y el Hijo envían desde lo Alto
y llena de este mismo Espíritu, sale al mundo a gritar el Evangelio , que
revela en el Rostro doloroso, luminoso y glorioso de Cristo , la belleza
más grande y la verdad más profunda: DIOS ES AMOR. Somos amados para amar.
2) ¡
BENDITO SEA EL SEÑOR , PORQUE HA VISITADO Y REDIMIDO A SU PUEBLO!
Si entramos
en las Santas Escrituras, descubrimos que la Salvación del hombre se
presenta como la Visita que Dios hace a su Pueblo y entra en la historia
para hacerla desde dentro, Historia de Salvación y Liberación.
Por eso en
la alabanza que hace Zacarías , el padre de Juan, el Bautista, se
sintetizan las experiencias vivida por los padres , los profetas y el
pueblo del Antiguo Testamento: “¡ Bendito sea el Señor , Dios de Israel,
porque ha visitado y liberado a su Pueblo!” (Lc. 1,68).
Con el
Precursor se abre un mensaje de conversión, que anuncia y prepara la más
grande Visita de Dios y que todo el Evangelio lo da a conocer: Es
Jesucristo, el Señor. “Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a
Dios diciendo: Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha
visitado a su pueblo”(Lc 7,16) “Así Dios nos manifestó su amor: envió a su
Hijo único al mundo para que tuviéramos Vida por medio de Él”( 1 Jn. 4,9).
El tiempo
Pascual que culminamos en Pentecostés, nos ha hecho entrar en el Misterio
de Cristo, que es Dios, y en Él, que se hizo hombre y solidario con todo
lo verdaderamente humano, Dios en persona ha visitado y se ha hecho
presencia permanente en medio de nosotros que caminamos hacia la Meta de
toda la humanidad , que es la Pascua eterna en la Casa del Padre.
“Y yo estaré
siempre con ustedes hasta el fin del mundo”(Mt 28,16-20)
Cristo
Jesús, es la plenitud de las Visitas de Dios a su pueblo, en Él, el Buen
Pastor Resucitado , el Padre nos amó hasta el extremo, se nos dio todo.
“Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” “Pero a todos los que lo
recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser
hijos de Dios”(Jn 1,11-12).
3) LA
VISITA DE DIOS EN CRISTO SE PROLONGA HOY SACRAMENTALMENTE
En María la
Virgen , Madre del Señor, al visitar a su parienta Isabel, se insinúa el
misterio de salvación por el que Dios ha visitado y redimido a su pueblo y
esta visita de María se fue dando en distintos momentos de la historia de
la Iglesia para ayudar a sus hijo a volver a Dios.
La Iglesia
desde Pentecostés, como Sacramento, alimentada por la Palabra , nutrida
por los sacramentos divinos y llena del Espíritu Santo, visita a todos los
pueblos para que reconozcan a Cristo como su Salvador. María es la Madre y
el miembro más eminente de la Iglesia, el rostro más bello de la
esperanza, la que cuida de la santidad de los corazones.
En el
Misterio de la Iglesia como comunión y misión, los Apóstoles , sus
sucesores y sus cooperadores hacemos visible sacramentalmente, la cercanía
de Cristo, el enviado del Padre, que visita a sus hijos, uniéndolos en su
Corazón. Nosotros somos indignos instrumentos y a través de nuestra
pobreza , que Él toma en sus manos y le da fecundidad, hace sentir su
presencia y su obra en los corazones que se abren a los signos y a las
señales de su cercanía. “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el
que los rechaza a ustedes me rechaza a mí; y el que me rechaza , rechaza
al que me envió”(Lc,10,16).
4) LA
VISITA PASTORAL NOS CONFIRMA EN LA FE Y EN EL APOSTOLADO
Teniendo el
ejemplo de los Santos Apóstoles, recorreré cada una de las Comunidades
Parroquiales para realizar mi ministerio episcopal de una manera más
intensa y prolongada.
En estos dos
años he visitados varias veces las Parroquias y he tratado de confirmarlos
en la verdadera fe y en el auténtico apostolado y he tenido la oportunidad
de ir grabando rostros y de hacer sentir mi cercanía pastoral.
Desde este Pentecostés, la Visita Pastoral Canónica me ayudará a vivir la
caridad pastoral y conocer más profundamente cada Comunidad y poder
alentarlas en lo realizado y a vivir el camino emprendido juntos, hacia
una Pastoral Orgánica, con la participación cordial de pastores y fieles,
consagrados y laicos, para que todos seamos uno.
Nos enseñó
Juan Pablo II : “La visita pastoral es el momento en que el Obispo ejerce
más de cerca de su pueblo el ministerio de la Palabra, la santificación y
la guía pastoral, en contacto más directo, con las angustias y las
preocupaciones, las alegrías y las expectativas de la gente con la
posibilidad de exhortar a todos a la esperanza. Así, la visita pastoral
muestra que el obispo, es un signo de la presencia del Señor que visita a
su pueblo en la paz”.(PG 46).
Ruego con fe
y confianza al Espíritu Santo, su asistencia e inspiración y pido a
ustedes, mis hijos, que me ayuden a ejercer la triple misión de enseñar,
como Maestro de la Fe, de Santificar confirmando en la fe y en la santidad
de cada uno y de gobernar siendo el primero en el amor .Quiero se entre
ustedes, padre, hermano y amigo. Con las tres palabras que puso en mi
corazón el Papa Juan Pablo cuando fui designado obispo: Iluminar, consolar
y corregir con amor. Necesito de la oración de ustedes, especialmente, de
los niños y de los enfermos.
5) EL
ESPÍRITU QUE DEBE ANIMAR LA VISITA PASTORAL (NMA 3-20)
El mismo
Espíritu Santo que impulsó a Jesús es el que debe animarnos siempre para
que podamos ser discípulos y misioneros santos.
El Espíritu
nos hace tener la Fe que nos da la certeza de sabernos amados por Dios,
para amar.
Hace crecer
en nosotros la Esperanza firme y creativa, fundamentada en la presencia
viva y cercana de Cristo Resucitado.
Enciende la
Caridad, para que nos acerquemos a los demás con entrañas de misericordia.
El hace
posible la Comunión para que la visita nos ayude a crecer en la
espiritualidad de comunión y ser creíbles en nuestro testimonio.
Nos hace
vivir en el fervor misionero para que no perdamos la dulce y confortadora
alegría de evangelizar.
El Espíritu
suscita en cada comunidad y cada fiel un anhelo de santidad, un fuerte
deseo de renovación personal que no sólo se alimenta en la oración del
corazón, sino también en la misión cotidiana empezando por casa y llegando
hasta los confines de la Parroquia y en donde estemos.
“Nosotros no
podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hc 4,20) “El que pueda
entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las Iglesias”(Ap
1,19-3,22). “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y
me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”( 3,20).El Espíritu y la
Esposa dicen: ¡Ven!, y el que escucha debe decir ¡Ven!” (Ap 22,16-21).
¡LA PAZ
ESTE CON USTEDES!
Los abrazo
con mi bendición, queridos hermanos y hermanas, “ rememos mar adentro
hacia lo más profundo, nutridos por la Palabra y reconfortados en el
banquete de la Eucaristía.
Que Jesús
resucitado, el cual nos acompaña en nuestro camino, dejándose reconocer
como a los discípulos de Emaús al partir el Pan (Lc 24,30), nos encuentre
vigilantes y preparados para descubrirlo y correr hacia nuestros hermanos
llevándoles el gran anuncio: ¡Hemos visto al Señor! (Jn 20,25).
Que María,
la Madre de Dios y Madre nuestra, nos tome de la mano y con su ternura nos
haga subir al Cenáculo, para vivir un permanente y actual Pentecostés.
¡DIOS
ES AMOR!
¡VEN A VISITAR TU VIÑA, SEÑOR!
Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
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