|
Queridos hermanos y hermanas: Vivimos con gozo la Natividad y les
deseo inmensa alegría, mucho amor y la paz del corazón, que nos haga a
todos, instrumentos de amor y de paz , para hacer juntos una fiesta de
Dios y del hombre.
“Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La soberanía
reposa sobre sus hombros y se le da por nombre, Dios fuerte, Padre para
siempre, Príncipe de la paz ... y habrá una paz sin fin.” (Is9,1 - 6).
Un Dios que se hace niño y un niño en quién se revela
Dios , porque este niño es Dios y reclama nuestro amor.
Dios
que es grande, eligió el camino de la pequeñez, de la humildad y de la
pobreza para hacerse cercano, manifestarnos su ternura y salvarnos del
orgullo del pecado, que nos hace creernos muchas veces, grandes y ricos
, poderoso y soberbios.
El Evangelio nos lleva a descubrir y a vivir, que la
Navidad es Cristo, el Emmanuel, Dios con nosotros , quien nos trae el
amor del Padre y nos muestra el camino de la bondad y de la paz.
“No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para
todo el Pueblo: Hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a
un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc
2, 1-14)
1. DIOS
SE INCLINA UN LA NUBE DE LA MISERIA DE UN NIÑO SIN POSADA.
Haciendo mías las palabras del Santo Padre en la Navidad, les ruego
recibirlas con un corazón abierto: “ Dios se inclina. El inclinarse de
Dios, asumió un realismo inaudito y antes inimaginable. Dios se inclina.
Él baja como un niño hasta la miseria de un establo, símbolo de toda
necesidad y de todo estado de abandono de los hombres. Dios baja
realmente. Se hace niño y se pone en la condición de dependencia total,
propia de un ser humano recién nacido. El Creador que tiene todo en sus
manos, del que todos dependemos, se hace pequeño y necesitado del amor
humano. Dios está en la nube de la miseria de un niño sin posada” (B
XVI)
¡Hasta donde llega el amor de Dios!. Necesitamos
abrir los ojos del corazón ante el pesebre, para ver a Dios en un
establo maloliente, como lo es en gran parte la realidad que vivimos y
también experimentemos que la eternidad entró en el tiempo para que el
tiempo y todo lo nuestro, tome dimensiones de eternidad y su profundo
sentido y significado.
2.EL
ANUNCIO DE LA NAVIDAD ESTÁ DESTINADO A TODOS LOS HOMBRES
Nos enseña Benedicto XVI : “Jesús ha nacido para todos y como María
lo ofreció en Belén , a los humildes pastores , en este día, la Iglesia
lo presenta a toda la humanidad, para que en cada persona y situación,
se sienta el poder de la gracia salvadora de Dios, la única que puede
transformar el mal en bien, la única que puede cambiar el corazón del
hombre y convertirlo en un “oasis” de paz”
Mis hermanos y hermanas, abrámosle la puertas del
corazón, de la familia y de esta pobre realidad argentina , a este Niño
que es la luz que disipa las tinieblas de adentro y las de afuera.
“Ahora nos dice ese Dios que se hizo niño. Ya no
pueden tener miedo de mi, ya solo pueden amarme.” Soy un niño que pueden
tomarme en sus brazos y me dejo amar.
3. NOS
ACERCAMOS AL NIÑO, PARA SER SORPRENDIDOS POR TANTO AMOR.
En este Niño se nos acerca el Dios que es Amor. Tocados por este amor se
nos abre un horizonte nuevo y un camino de amor para sanar lo que el
egoísmo corrompe y hace morir.
Los hombres de hoy necesitamos ser sacudidos en lo
profundo, para que descubramos como enseña el Papa :” En cada niño hay
un reflejo del Niño de Belén. Cada niño reclama nuestro amor .Por tanto
en esta Nochebuena pensemos de modo particular también en los niños a
los que se les niega el amor de los padres, en los niños de la calle que
no tienen el don de un hogar, en los niños que son utilizados como
instrumentos de violencia en lugar de ser portadores de reconciliación y
de paz; en los niños heridos en lo más profundo de su alma, por medio de
la industria de la pornografía y todas las demás formas abominables de
abuso”.
Pensemos en los niños de nuestra realidad a quienes
se le niega el derecho de nacer o que viven en algunas de estas
situaciones, especialmente, de los que deambulan en calles y circulan en
ciertos lugares, a merced de posibles abusos por un poco de comida y con
el aval de sus madres. Todo lo que hiere a un niño hiere al Niño Dios.
No repitamos la historia de Herodes.
4. SER UN
PUEBLO ELEGIDO Y LLENO DE CELO EN LA PRÁCTICA DEL BIEN
“El niño de Belén, nos recuerda el Santo Padre, es un nuevo
llamamiento que se nos dirige a hacer todo lo posible con el fin de que
termine la tribulación de esto niños; a hacer todo lo posible para que
la Luz de Belén toque el corazón de los hombres. Sólo si los hombres
cambiamos, cambia el mundo”. En cada niño, el Niño Dios nos interpela y
nos pide jugarnos por ellos que son tan débiles y desprotegidos.
“El pueblo que caminaba en las tinieblas, ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad, ha brillado una luz”
(Is.9,1)“La Gracia de Dios...se ha manifestado. Ella nos enseña a
rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida
presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz
esperanza ... (Tito2,11-14)
5. MARIA
CONSERVABA ESTAS COSAS Y LAS MEDITABA EN SU CORAZÓN
En sus brazos, María contempla al Niño: “Y la Palabra se hizo
carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14), lo ofreció a los pastores,
que se acercaron humildes y pequeños y nos lo entrega a nosotros y nos
dice “hagan todo lo que El les diga” (Jn2,5).
La Iglesia , y la Iglesia somos todos los cristianos,
lo presenta , lo anuncia , lo comunica como una Buena Noticia a toda la
humanidad , para que encuentre su rumbo , se edifique en el amor y
alcance así, su meta , Él es el Señor de la vida y de la Historia. Es el
Hombre nuevo que hace nuevas todas las cosas y nos hace entrar en su
misterio de amor.
La Eucaristía que convoca , celebra y envía, nos hace
encontrarnos hoy con la ternura de este Niño que es Dios quien amó hasta
el extremo de la Cruz “y es el mismo ayer y hoy y para siempre.” (Hb
13,8) No hay Navidad sin Cristo y sin los hermanos, sin Dios y el
hombre.
Les deseo una santa y dichosa Navidad cristiana, con un amor especial a
los menos amados. En el Niño Dios, los bendigo de corazón y que tengan
todos un Año Nuevo, sano, santo y feliz.
¡DIOS
ES AMOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
“Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y
oído”! (Hc 4,20)
|