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Mis queridos hermanos y hermanas: Vivamos con alegría este
encuentro con Jesús que resucita de entre los muertos y se deja ver y
tocar, en su nueva dimensión. ¡Ha resucitado! Es el Hombre nuevo,
que hace nuevas todas las cosas y nos regala el ser hombres y mujeres
renovados, capaces de construir una nueva humanidad y darle un rostro
nuevo a toda la realidad que nos rodea en estos tiempos difíciles.
Este misterio es el nos da la gracia para descubrir la belleza de la
Pascua, como fuente de luz, engendradora de vida y que hace de
nosotros y de todo lo nuestro, una ofrenda de amor.
Dios tiene en cuenta, nuestra necesidad profunda de experimentarlo
presente en nuestra vida, sacándonos de la oscuridad del pecado y de la
muerte. Necesitamos verlo y tocarlo con el corazón. En estos días santos
que celebramos, en este Sábado Santo que hoy vivimos, al decir del Papa
Benedicto, “ como la “tierra de nadie”, entre la muerte y la
resurrección; pero en esta “tierra de nadie”, ha entrado Uno, el
Único que lo ha recorrido con los signos de su Pasión por el hombre.
Su amor lo llevó hasta entrar en el lugar de la soledad absoluta del
hombre a donde no llega ningún rayo de amor, donde reina el abandono
total, sin ninguna palabra de consuelo: “los infiernos”.
Jesucristo permaneciendo en la muerte, cruzó la puerta de esta soledad
última, para guiarnos también a nosotros, a atravesarla con Él. En la
hora de la máxima soledad nunca estaremos solos. La Pasión de Cristo
es la pasión del hombre. Este es el misterio del Sábado Santo.
Precisamente desde allí, desde la oscuridad de la muerte del Hijo de
Dios, ha surgido la Luz de una nueva esperanza, la luz de la
Resurrección”: la victoria de la vida sobre la muerte y del amor y la
entrega, sobre el odio y el egoísmo. El Sábado del mundo encontrará su
plenitud en la luminosidad de la Pascua de Cristo, la Luz que brilló en
las tinieblas y su Presencia en cada uno.
Mis hermanos: Es una exigencia del amor, que en la Pascua nos
encontremos con Cristo resucitado, descubriendo la belleza de sus
signos, que nos interpelan y nos dicen a todos “el Señor está aquí y
te llama” ¿ Qué respuesta le damos? ¿ En qué se nota que hemos
entrado en El y Él entró en nuestra vida? ¿Cuáles son los signos de este
luminoso día sin ocaso?
1. CRISTO
HA RESUCITADO Y NOS ILUMINA, UNA SEÑAL, EL CIRIO PASCUAL
Un hermoso Cirio es bendecido y adornado con las cinco llagas,
santas y gloriosas, para que se llene de alegría nuestro corazón y nos
lleve a reconocerlo a Él, como el Señor de la Historia y de nuestra
vida. A Él pertenecen el tiempo y la eternidad y nos recuerda durante el
año, que El ha resucitado y disipa las oscuridades de la muerte en las
que estamos sumergidos y las tinieblas de la inteligencia y del corazón
que nos impiden vivir con alegría, amor y en paz.
Ruego que desde este primer año de la Novena de Años, preparando el
Jubileo Diocesano, el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo Viviente
y luminoso, no lo apaguemos dentro nuestro y que la fuerza luminosa de
su Cruz, nos atraiga a todos como su Pueblo Santo. Si estamos cerca de
su Luz, iremos acrecentado nuestra dignidad de seguidores suyos y
escucharemos como Madre Teresa el llamado misionero: “Se tú mi luz”
en los ambientes matanceros y de la realidad Argentina, sobre la que
muchas oscuridades impiden el encuentro de los hermanos.
Pongámosle nombres, a las tinieblas que nos quitan la alegría y ponen
obstáculos a la justicia, al amor y a la paz. Cristo resucitó para que
entremos en su Corazón y el pueda entrar en el nuestro y así vivamos el
gozo de su fiesta, que fundamenta el auténtico servicio al Bien común.
¿Cuál va a ser nuestro compromiso con Cristo: en la familia, en la
Comunidad y en la Patria?
2. LA
PASCUA TIENE UN SENO FECUNDO, EN LA FUENTE BAUTISMAL.
En el desierto cuaresmal nos preparamos para hacer en esta noche,
memoria de nuestro Bautismo junto a la fuente bautismal. En ella
nacimos, como hijos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo y animados
por el Espíritu para vivir en el mundo, como testigos del Amor
resucitado, con capacidad de cambiar el mundo y ser los peregrinos de la
fe y de la luz, hacia la Casa del Padre.
El agua que llena la fuente, nos habla y tiene un grito triunfal. El
Cirio Pascual se introduce en ella, para darle la fecundidad del
Espíritu, que vivificó nuestros corazones y nuestras vidas. Nos hace
hoy, crecer en la fraternidad del amor y en la comunión que lleva a Dios
como hijos y al encuentro del demás como hermanos. Esta agua se derrama
para hacernos pasar de la muerte a la vida, de todo lo que es pecado a
la vida en amistad con Dios. Nacemos a una dignidad que nos lleva a
pasear con Dios en el paraíso y nos vuelve testigos de una Alianza de
amor, sellada con la Sangre redentora del Hijo, en quien nos hacemos
hijos y para que lo escuchemos de verdad.
Cuando alguien es bautizado nace un discípulo-misionero de la
resurrección de Cristo y capaz de gritar con valentía su Evangelio, todo
el Evangelio, no solo lo que nos conviene.
Mis hermanos: Que la Iglesia que peregrina en San Justo, se
renueve con la gracia de esta Pascua. Comience, hoy, a la luz del
Evangelio a vivir en estado de Asamblea Diocesana y caminando en
comunión hacia el Jubileo de oro, encuentre siempre, nuevos
impulsos de vida. Sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de
justicia y de paz. Que todos encuentren en ella un motivo para seguir
esperando con fidelidad, amando y sirviendo como Cristo nos amó.
Por eso: ¡Renueva, cristiano tu dignidad! ¿Iglesia querida de San Justo
qué dices de ti misma?
3. LA
BELLEZA DE LA PASCUA SE CONCENTRA TODA ELLA EN EL ALTAR.
Lo primero que vemos al entrar en una iglesia católica es el Altar. Es
el “corazón” del Templo.
Dos mesas se destacan : la de la Palabra de Dios y la del Sacrificio de
Cristo. Cada una tiene su belleza, no tanto en como son, sino por lo que
se hace en ellas y por lo que celebramos en ellas.
El encuentro con Cristo resucitado y viviente, se da al escuchar la
Palabra, que proclama las maravillas de Dios para con nosotros y en la
Eucaristía que hace viva y actual, toda su Pascua. En un poco de pan y
de vino, nos regala su Amor sacrificado, su presencia como Cristo total,
que nos atrae y nos abraza a todos, para que hagamos con Él una
ofrenda de nuestra vida al Padre.
La Celebración de la Eucaristía se hace en el Altar de la misa y en el
altar de los corazones, para prolongarse en la vida de cada día. La Misa
es fuente y culminación. En ella, Cristo, el Señor, hace posible nuestro
encuentro y nuestra experiencia en la fe, de su Misterio y de sus mismos
sentimientos. Somos cambiados desde dentro, por la reconciliación y por
las eficaces palabras de la Consagración, para que lo irradiemos en todo
nuestro ser y obrar. Él está dentro de nosotros para que hagamos de cada
día, donde estemos, un espacio de encuentro, de diálogo y compromiso
ciudadano, y siendo en esta rica realidad matancera, como la levadura,
para que fermentemos de Evangelio los ambientes, como luz al servicio de
la Verdad completa y como la sal seamos sabiduría, para vivir como
ciudadanos respetados y no usados por nada, ni por nadie.
En la Comunión hacemos pascua, nos asimila, para que seamos más
parecidos a Él, como hombres nuevos con corazones renovados, para hacer
una Iglesia más fiel, una Matanza más fraterna y solidaria y una
Argentina más consustanciada con la herencia de nuestros padres y a
nuestra matriz cultural cristiana y católica, abierta y al servicio de
la dignidad humana de todos.
Deseándoles Santa y Feliz Pascua de Resurrección, los abrazo con mi
Bendición Pastoral.
¡DIOS
ES AMOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
“¡ELIGE LA VIDA Y VIVIRÁS!”
“RENOVEMOS
EL ENCUENTRO Y EL ANUNCIO DE JESUCRISTO VIVIENTE”
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