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Queridos hermanos y hermanas: Con la celebración del miércoles de
Ceniza, nos comprometemos a recorrer juntos como Iglesia, el Camino
hacia la Pascua. Necesitamos integrar nuestra vida en el Misterio
Pascual, ser iluminados y renovados desde dentro de nuestra realidad
personal, familiar y comunitaria. Es un tiempo de Conversión, Penitencia
y Oración, bajo el dinamismo del Espíritu Santo, escuchando el querer de
Dios, en la Palabra acogida y vivida y en el encuentro sacramental con
Cristo. Caminamos hacia Jerusalén para abrazar la Cruz, como la
expresión más grande del Amor de Dios por cada uno de nosotros, tan
necesitados de liberación.
Reciban esta Palabra como espíritu y lema Cuaresmal:
“Cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos
hacia Mí. ( Jn 12,32) Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir”.
1. NOS
ATRAE A TODOS, CREYENTES Y NO CREYENTES.
Mis amigos, “Dios quiere que todos se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad” (2 Tim 2,4). Lo he comprobado en mi vida
y descubierto en la vida de quienes se han convertido.
El amor de Dios se derrama en nuestros corazones y está a la puerta
esperando que le abramos, nos busca con señales inimaginables. Les decía
el Papa a los artistas “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la
belleza para no caer en la desesperanza. La belleza como la verdad es lo
que pone la alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso
que resiste a la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace
comunicarse en la admiración”. En la cuaresma afinamos las conciencias
para descubrir ó para tener una mirada nueva sobre nuestra vida y sus
fealdades y así sentir la necesidad de una experiencia superadora en el
vivir cotidiano. “La experiencia de la auténtica belleza, no efímera ni
superficial, no es algo secundario en la búsqueda del sentido de la vida
y de la felicidad, porque esa experiencia no aleja de la realidad, sino
al contrario, lleva a una confrontación abierta con la vida diaria,
para liberarla de la oscuridad y transfigurarla, a fin de hacerla
luminosa y bella”. La Cuaresma vivida como búsqueda y encuentro, nos
hace sensibles a la belleza luminosa de la Pascua, como el Paso de la
muerte a la Vida y del pecado a la gracia de hombres nuevos y por lo
tanto embellecidos por las manos del Creador y del Redentor. “La belleza
es clave del misterio, llamada y camino hacia lo trascendente, hacia el
Misterio último, es decir hacia Dios. ¿Qué belleza salvará al mundo? nos
interpelaba en una Cuaresma el cardenal Martini y nos respondía: con la
belleza de la Cruz, de la Palabra, de la Oración, del Sacrificio y del
Dios que es Comunión de la Trinidad. Este es un tiempo para dejarnos
atraer por la Belleza de un Dios que es el amor que salva y descubrir
que somos atraídos por Jesús de distintas maneras y muchos sin
saberlo, en el sufrimiento y en el amor sano, a los demás. La
sensibilidad por la auténtica belleza, nos capacita para una relación
con Dios que nos realiza y por un encuentro sanante con los demás que
nos dignifica y madura en fraternidad como rostro humano de la comunión.
2. QUE
LOS SACERDOTES NOS DEJEMOS ATRAER POR EL CRISTO DE LA CRUZ.
Jesús nos quiere mucho, tiene una mirada especial, desde la Cruz
para hacernos experimentar a todos, su amor hasta el extremo. Nos dice
en Juan: “Nadie puede venir a Mi, si el Padre no lo atrae” (6,44)
y es el Espíritu Santo el que nos hace sentir esta ternura y nos revela
la belleza de la Cruz, que manifiesta la belleza de la Trinidad y de
toda su obra creadora y redentora. La Belleza de Dios y la belleza de la
Salvación de todos, nos debe apasionar en el caminar de cada día y
despertar, la generosidad de nuestra entrega. Llamados a ser como un
cáliz vacío, como María al pié de la Cruz, que se deja llenar de todo lo
que es y hace Cristo. Él, por el Espíritu de Santidad, recibido en la
Ordenación, nos hace vivir el Amor del Padre, con un corazón que se deja
convertir cada día : por la belleza de su Palabra, que ilumina el
peregrinar y disipa las oscuridades del andar; por la belleza de la
Oración que nos lleva a la intimidad con el Dios vivo y nos capacita
para vivir la caridad pastoral, el amor y el encuentro maduro con los
hermanos que se nos confiaron.; por la belleza del sacrificio (ascesis),
que nos hace fuertes en la fidelidad, haciendo de nuestra vida una
ofrenda de amor, capaces de dar testimonio de haber sido llamados para
amar y servir hasta el fin.
El amor sacerdotal se vuelve antorcha luminosa y atrayente, en la
comunión con la Cruz del Señor de la Vida y del Amor. Recuerdo con
alegría el testimonio fiel, de tantos sacerdotes en mi vida.
En esta Cuaresma del Año sacerdotal, en cada
Eucaristía, sacramento de la Nueva y Eterna Alianza reavivemos el
Carisma de Dios recibido por la imposición de las manos y renovemos
nuestra alianza de Amor con el Cristo que nos envía como discípulos y
misioneros de su Cruz y de su Pascua. Con ustedes quiero celebrar y
anunciar la belleza de la Vocación que hemos recibido como Don y
Misterio, para bien del Pueblo sacerdotal de todos los fieles.
“Seamos agradecidos por los dones recibidos y plenamente concientes de
la gran responsabilidad de comunicar la Belleza que salva” especialmente
a los jóvenes, todavía sensibles a la Belleza que salva, del abismo de
la mediocridad y el sin sentido que debilita la esperanza.
3.
JÓVENES ¡ ÁBRANLES LAS PUERTA DE SUS VIDAS AL REDENTOR!
Nos enseña Benedicto XVI: “El núcleo más profundo de nuestro
ministerio sacerdotal es ser amigos de Cristo (Jn15,15), amigos de Dios,
por cuya mediación también otras personas puedan encontrar Su cercanía.
En nuestras comunidades todos estamos llamados a esta amistad, pero
nosotros, los pastores estamos urgidos, para que ayudemos a los jóvenes,
a experimentar esta amistad y este amor de Cristo, que sigue llamándolos
a ser cristianos y a algunos para ser nuestros sucesores en un mundo
necesitados del amor sacerdotal. La ciudad está llena de rostros de
jóvenes que nos interpelan a todos. Como testigos de esperanza, hagamos
sentir presente en medio de ellos a Cristo, que los mira con amor y
les dice: vendan todo lo tienen y denlo a los pobres y tendrán un tesoro
en el cielo y luego a cada uno ¡Ven y Sígueme!. Nosotros sacerdotes
y fieles pongamos a los jóvenes delante de Jesús para que Él los tome de
la mano y puedan escuchar: “¡Joven yo te lo ordeno, levántate! (Lc.7,14)
y así los sane, los libere y los resucite. Se descubran amados y “les
vuelva abrir los ojos del corazón y de la mente, dándoles alas e
impulsándolos hacia lo más profundo de la belleza como clave del
Misterio, de un Dios que es amor y llamada para algo maravilloso en el
Hoy de la Historia. Con nuestro testimonio de cristianos y de sacerdotes
seamos despertadores de las conciencias juveniles ante el Cristo que los
abraza, les impone las manos y los bendice, susurrando una palabra muy
dentro de cada uno y es su nombre propio y el de la misión que les
confía. Como padres díganles: ¡Jóvenes, déjense atraer por
Jesús-Amor!
Queridos Hermanos/as todos: Los invito a caminar juntos en este hermoso
tiempo de transformación y de transfiguración de la vida, para que
todos, pastores y fieles, preparemos a los jóvenes a vivir una Pascua
bella y luminosa. Realicemos gestos concretos de amor y perdón como
cristianos y ciudadanos. Edifiquemos a Argentina como patria de hermanos
y una Comunidad cristiana que resalte nuestra matriz cultural católica,
que sea servidora de la belleza de los valores de la vida, del
matrimonio y la familia. Comprometidos todos, en el trabajo del Padre
creador y del Hijo que realizó el trabajo de la Redención, cargando
sobre sí nuestras dolencias y pecados.
Los abrazo con mi bendición pastoral y mi comunión
con los padecimientos de Cristo en cada unos de ustedes y los exhorto a
vivir la Cuaresma con un corazón que quiere dejarse convertir, ayudados
por María, Madre, que cuida de la santidad y pureza de sus hijos.
¡DIOS
ES AMOR! ¡YO BUSCO TU ROSTRO, SEÑOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
¡ENVÍA OPERARIOS A TU MIES, SEÑOR!
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