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Esta
Eucaristía nos convoca para celebrar la institución del Sacerdocio, y para
consagrar el crisma y bendecir los óleos.
Esta Misa debe ser la
expresión más clara de la comunión que existe entre Jesús, los presbíteros
y su Obispo.
Epifanía de la plenitud
del sacerdocio del Obispo y la estrecha unidad de todos los presbíteros
con él, fieles cooperadores del Orden Episcopal, como realidad de fe,
celebración del Misterio y fuente de espiritualidad sacerdotal.
Hoy renuevan ante el
Obispo y el Santo Pueblo de Dios los compromisos contraídos en su
ordenación.
Toda la liturgia de esta
noche nos lleva, a aquella Noche Santa que vivió el Señor con sus
discípulos a los que hizo Apóstoles y los ungió sacerdotes, profetas y
pastores del Nuevo Testamento.
UNCIÓN
En el Antiguo Testamento
se ungían a los Reyes y esta unción los ponían al frente del pueblo para
gobernarlos, luego se ungió a los Sacerdotes para dedicarlos al Culto y
servir al Altar de los Sacrificios.
Al leer Isaías, vemos que
se trata de un Profeta que habla asimismo de la Unción que realiza el
Espíritu y es convertido en un ungido que tiene atribuciones de los reyes
para liberar a los cautivos y de sacerdotes para anunciar un año de gracia
jubilar y como profeta abrir los ojos de los ciegos.
En el Evangelio, Cristo
viene a ponerle su Yo a este texto tantas veces leído en las sinagogas.
Jesús es el verdadero Ungido del Espíritu Santo, en hebreo se dice Mesías,
en griego significa, Cristo.
Jesús es el Mesías, es el
Cristo, es el Ungido, es el Único verdadero Rey, Sacerdote y Profeta.
Por eso nos dice hoy, al
regalarnos su verdadero rostro, su más profunda identidad "Hoy se ha
cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír" (Lc. 4-21)
El
mensaje de Jesús es enteramente liberador, no en clave política sino en
clave de salvación.
DEL ÚNICO CRISTO NACE
EL PUEBLO PROFÉTICO , SACERDOTAL Y REAL.
Todos los bautizados
formamos ese Pueblo de Dios que peregrina en la Historia, No decía el
profeta: "Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor," Y en la segunda
lectura: "Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su
Sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre.¡ A Él
sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos" Apoc. 1 5-6
Por eso ¡ Reconoce oh,
cristiano tu dignidad, eres sacerdote, profeta y rey. No aislado, sino en
un cuerpo que es la Iglesia.
Oh, Iglesia, sé qué eres
y quién eres. Admirable Misterio, eres el Cristo total, eres peregrina,
eres servidora, eres la epifanía de la Belleza de la Trinidad y de la
pobreza de los hombres y también de la riqueza y belleza de la Unción y de
la Acción que el Espíritu va realizando en cada Iglesia Local.
EN EL CORAZÓN DE LA
IGLESIA , CRISTO NOS REGALA PASTORES
En la Iglesia Misterio,
Cristo unge con su Espíritu a hombres para ser Jefes del Pueblo,
presencias vivas y sacramentales de Único, Sumo y Eterno Sacerdote.
En el Prefacio, alabamos
al Padre porque ungió con el Espíritu Santo a su Hijo Único para que fuera
el Pontífice de la Alianza Nueva y Eterna y ha querido que su único
sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.
Ya vimos que toda la
Iglesia recibe esta unción pero su amor lo lleva a "elegir a algunos
hombres para hacerlos participar de Su Sacerdocio Ministerial".
No solo alabamos a Dios
por este regalo tan grande que de una manera especial celebra hoy la
Eucaristía Crismal, sino que debemos venerar en cada Sacerdote y en todo
el Presbiterio el sello de Dios marcado por la Unción del Espíritu.
Mis queridos Sacerdotes,
tres palabras marianas que compartimos con María:
Los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En este día en
continuidad con los Ejercicios Espirituales renovemos con autenticidad
eclesial nuestro SI y reavivemos el carisma de Dios, recibido por la
imposición de las manos y dejemos actuar al Señor, como lo hizo María, por
eso no dijo cumpliré, sino "hágase, suceda en mí, lo que has dicho.
También tres verbos:
-
Iluminar con el Evangelio que sana y libera del pecado
-
Consolar con la presencia del Espíritu, a todos los que están heridos de
tantas maneras.
-
Corregir, poniéndose al lado del que se equivoca, para que descubra la
Belleza de la Verdad y del Amor de la Bondad y la Misericordia
DESPEDIDA
Los invito en esta despedida sacerdotal a que se unan a mi pobreza, que
quiere cantar eternamente las misericordias del Señor y dar gracias a Dios
por cada uno de Ustedes y por lo que cada uno ha significado para mi
espiritualidad y servicio episcopal, y también presbiteral.
Doy gracias al Señor por el Sacerdocio de cada uno compartido, con sus
fortalezas y debilidades. Por regalarme estos 15 años de episcopado entre
Ustedes, con sus luces y sombras. Pido perdón si a alguien he herido y a
todos los he amado y seguiré amando, llevádolos en micorazón de padre y
hermano.
Doy gracias por lo que el Señor me está enseñando y haciendo descubrir en
este EXODO y en esta PASCUA. Es para mí una experiencia cercana de la mano
del Señor, que me abre los ojos y me quiere simple como los niños. Con
Madre Teresa tengo la experiencia de que Dios no me ha pedido ser exitoso,
lo que Él me ha pedido, es que sea fiel.
Quiero dar gracias por hacerme descubrir con esperanza, la belleza de la
Cruz cono fuente del Amor Sacerdotal. Gracias por hacerme descubrir que el
sacerdocio es un Don que madura, si se lo vive desde la fe. Por eso
Contento, Señor, Contento.
Los invito a que hagamos juntos, tres profesiones apostólicas,
profundamente sacerdotales:
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Una profesión de fe, para superar en las llagas gloriosas de Cristo todas
las incredulidades e indiferencias como lo hizo Santo Tomás y sea decirle
con la vida entera: ¡Señor mío y Dios mío!. |
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Una profesión de amor humilde y confiado: Señor ¡Tú lo sabes todo, sabes
que te amo! |
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Una profesión de esperanza superadora: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes
palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo
de Dios" |
Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el
consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y
la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien
unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No
hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad y que la humildad los
lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Tengan los
mismos sentimientos de Cristo Jesús.
Con Ustedes abrazo a todo el Pueblo en esta profesión de fe, esperanza,
amor y comunión. He deseado ardientemente comer esta Pascua con Ustedes
antes de partir. Cristo nos revele su Rostro, al partir el Pan en esta
Eucaristía para que madure cada día más dentro de cada uno este
convencimiento.
DIOS ES AMOR
"Todos somos amados por Él y yo también los amo"
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