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Si por unos instantes cierro los ojos, me parece ayer, cuando celebraba
la Santa Misa en un pequeño pueblo de la diócesis de Villa María,
colaborando con un párroco desde el Obispado.
O recuerdo las palabras del Nuncio el 26 de septiembre de 2008
“el Santo Padre lo ha nombrado Obispo Auxiliar de San Justo”... En
aquel momento los parientes y amigos festejaban, porque lo consideraron
como un asenso, un título, un cargo importante, pero yo no estaba muy
alegre que digamos, ya que entre otras cosas, esto implicaba dejar
después de 45 años, la tierra y diócesis natal, cercanía familiar,
amigos, sacerdotes, seguridades humanas…y comenzar una nueva etapa en el
Gran Bs. As….Territorio desconocido y temido por los habitantes del
interior del país, entre los cuales me encontraba yo …
Dios en su bondad me hizo ver que el llamado al ministerio apostólico
era un llamado a la conversión, al discipulado-misionero, a superar
tibiezas y mezquindades, a una mayor integridad de vida…y entonces, casi
de golpe, se resignificaron palabras y enseñanzas, como las de Jesús:
“El que quiera ser grande que se haga pequeño, el que quiera ser el
primero que se haga el último, el servidor de todos”, o las palabras
de San Pablo al joven obispo Timoteo: “Recuerda a tu madre y a tu
abuela, de ellas recibiste la fe …”, es decir “recuerda de donde
has salido”; también las de Mons. Casaretto: “La clave para un
obispo es seguir viviendo a fondo el espíritu sacerdotal, al que se
sintió llamado desde el inicio de su vocación, porque un obispo es ante
todo un sacerdote” y por último aquellas palabras geniales del Cura
Brochero: “No son estos trapos benditos los que me hacen sacerdote,
sino llevo la caridad en mi pecho ni a cristiano llego”.
Han
pasado casi dos años…por un lado parecen dos días… por otro lado, un
tiempo intenso, cargado de profundas y sencillas vivencias que considero
regalos de la divina Providencia: la convivencia con el Obispo Diocesano
Baldomero, la celebración de la Eucaristía en las parroquias y capillas,
la cercanía, serena y fraterna con los sacerdotes, los seminaristas, los
diáconos, la vida consagrada, el laicado, la Acción Católica, el
personal de la curia y con muchas otras personas conocidas en estos 23
meses …
Por otra parte, me parece increíble,
tener que partir hacia Misiones para tomar el báculo dejado tan
repentinamente por el Obispo Víctor, fallecido el 17 de mayo a tan solo
9 meses de la creación de la diócesis.
¿Cómo “leer” desde la fe este recorrido
de la “barca”; de la pampa sojera de Córdoba, al Gran Bs. As y desde
aquí al “mar verde-rojizo de Oberá?
La respuesta me llegó hace unos días de parte del Cardenal Bergoglio:
“Dios es más grande, Dios te escribe la vida; hay que dejar que la
escriba…” lo que me recordó al instante el consejo de Madre Teresa a
un sacerdote: “Debemos dejar las manos libres a Dios para que se
sirva de nosotros sin consultarnos”.
¿Qué me esperará en esta nueva diócesis, de alguna manera, tan
distinta a la de San Justo? No lo sé, nadie lo sabe … Procuraré recordar
las palabras de Imitación de Cristo que con algunos de ustedes meditamos
en retiros y homilías: “Señor ¿dónde me fue bien sin Ti y dónde me
puede ir mal estando tu conmigo?; y también esta enseñanza de Juan
Pablo II a los sacerdotes: “El seguimiento de Jesús conlleva
abandonos de diversos tipos. Pero estos abandonos no son pérdidas,
sino ofrendas entregadas, que el Señor al recibirlas nos las
devuelve multiplicadas. Nunca quedamos abandonados por el Señor al
entregarnos a El.”
Aunque no pueda saludar y abrazar a cada uno, deseo agradecer
vivamente la presencia, la oración, y el afecto recibido en ese día y en
este tiempo compartido, y pedirles perdón, al Obispo y a ustedes, si no
he sabido estar a la altura espiritual y pastoral que esta “hora”de la
Iglesia reclama.
Sabemos que el puente indestructible de la oración y
de la Eucaristía nos unirá a pesar del tiempo y la distancia.
Quisiera despedirme con las mismas palabras que San
Ignacio de Loyola dijo a San Francisco Javier cuando éste partía a
misionar: …”Escríbeme, por menudo, tus andanzas y sucesos: ni los
agrandes por vano, ni los calles por modesto; que de Dios serán las
glorias y tuyos sólo los yerros.
Piensa que ya en esta vida no volveremos a vernos. Te
emplazo para la Gloria, que para los dos espero, por la bondad del
Señor, que no por méritos nuestros.
Mientras tanto Javier mío, porque no nos
separemos, llévame en tu corazón, que en el mío yo te llevo”.
Muchas gracias
Monseñor
Damián Bitar
Nació en Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, el 12 de febrero de
1963; ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1987 por monseñor Alfredo
Guillermo Disandro, obispo de Villa María; elegido obispo titular de
Torre de Tamalleno y auxiliar de San Justo, el 4 de octubre de 2008 por
Benedicto XVI; ordenado obispo el 8 de diciembre de 2008 en la catedral
de la Inmaculada Concepción de Villa María. Asumió sus funciones el 21
de diciembre de 2008 y el 26 de octubre de 2010 fue trasladado como
obispo de Oberá, sede de la que tomará posesión el próximo 4 de
diciembre.
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