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Queridos hermanos: Los abrazo con mi saludo cordial. Pastores y fieles:
¡Paz y Bien!
Un nuevo Adviento nos abre el corazón para madurar la
Esperanza y profundizar nuestro Encuentro con el Señor que viene y es el
mismo que vino al corazón de la Historia y vendrá glorioso al final de
los tiempos.
Todos los tiempos son abrazados por la eternidad:
Dios se hace hombre.
Nuestros caminos son alcanzados por una Luz que no se
apaga: Cristo viene para ser nuestra Luz.
Las lágrimas de los niños, de las madres y de todos
los que sufren, son recogidas por el Padre Bueno y lleno de
Misericordia, en las lágrimas de un Pueblo, que en sus pobres, espera
contra toda esperanza, el consuelo de Dios , que es Amor.
En este Adviento, esperando al Señor de cada Navidad
, de la Navidad del mundo y de la Iglesia, queremos abrirnos como
Iglesia Diocesana a todas las Gracias con que el Señor quiere abrazarnos
en este tiempo de la Esperanza , que no defrauda.
Nos enseña el Papa Benedicto: “Sólo quien reconoce a
Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y
realmente humano”. Cristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino
del hombre.
Cada Adviento nos prepara para un Encuentro con Dios
en su rostro humano. En Cristo, Dios , que es Comunión, se nos da a
conocer y para hacernos escuchar su llamado y experimentar su elección.
“Dios que es Santo y nos ama, nos llama por medio de Jesús a ser
santos”(Ef.1,4-5). Jesús nos invita a encontrarnos con Él, a unirnos
estrechamente con Él, que es la fuente de la vida y se hace Camino para
vivir en la Verdad completa y ser hombres nuevos, varones y mujeres.
En este Adviento les escribo esta carta pastoral para
invitarlos, a vivirlo intensamente como Iglesia Diocesana, que va a
celebrar la alegría de la Ordenación Sacerdotal de nuestro hermano
Diácono, Claudio Antonio Pulli . Será celebrada, en el corazón de este
tiempo sagrado, el 12 de Diciembre,a las 20, fiesta de Nuestra Madre de
Guadalupe , Patrona de América y los convoco a la oración y a la
participación, en esta responsabilidad de todos.
Con Juan Pablo II les recuerdo que:“La vocación
sacerdotal es un don de Dios, un gran bien para quien es su primer
destinatario y es también un don para toda la Iglesia, para su vida y su
misión y está llamada a custodiar, estimar y amar este gran regalo del
amor de Dios para su Pueblo. Ella es responsable del nacimiento y de la
maduración de la vocaciones sacerdotales.
Todos los miembros de la Iglesia, tenemos la
responsabilidad de cuidar las vocaciones.”
Como Obispo soy el primer responsable, es mi deber y
alegría no solo rezar por todas las vocaciones sino promoverlas y
coordinar todas las iniciativas pastorales .
“En primer lugar , el Obispo sabe que puede contar
ante todo, con la colaboración de los Presbíteros, como pastores de la
Comunidades y de las Asociaciones y Movimientos eclesiales. Todos los
sacerdotes son solidarios y corresponsables conmigo en la búsqueda y
promoción de la vocaciones presbiterales”
“La vida misma de los presbíteros, su entrega al
Pueblo, su testimonio de servicio amoroso al Señor y a su Iglesia, como
un testimonio sellado con la opción por la cruz, acogida en la esperanza
y en el gozo pascual, con su concordia fraterna y su celo por la
evangelización del mundo, son el factor primero y más persuasivo de
fecundidad vocacional.” Toda la acción evangelizadora , catequística y
de servicio a los fieles cristianos laicos debe ser instrumento del
Señor para que muchos jóvenes experimenten a Jesús que los mira con amor
y le dice ¡Ven y Sígueme!(Mc 17) El ejemplo es contagioso y atrae.
El
termómetro de las comunidades parroquiales y de la fuerza de las
Asociaciones y de los Movimientos, se percibe en las vocaciones que dan
y que ayudan a surgir. Agradezco todo lo que se hace en las Parroquias y
en sus Colegios por la Vocaciones y por nuestro querido Seminario.
Hago mías también las Palabras de Juan Pablo II
cuando enseña, “ que en la familia cristiana, está la responsabilidad
muy particular de ofrecer siempre las condiciones favorables para el
nacimiento de las vocaciones. Que la Pastoral de la Iglesia tenga un
especial cuidado, para dar a la pastoral familiar su centralidad en la
pastoral orgánica de cada Parroquia y de todas las realidades
eclesiales.
La familia, como iglesia doméstica ,con el amor fiel
de los esposos, la responsabilidad generosa de los padres y la presencia
saludable de hermanos, haga que nunca se ponga entre paréntesis, el tema
de la vocación sacerdotal y la apretura y docilidad al don del llamado y
a la respuesta fiel.
El mejor regalo de Dios a la familia, es un hijo
sacerdote. Esta experiencia la he vivido en mi familia y agradezco a
Dios por mi familia que tanto respetó mi vocación y mi ministerio.
La misión educadora de la familia se prolonga en la
Escuela. Toda Comunidad educativa que deja de lado la dimensión
vocacional de los niños y jóvenes, puede preparar para el fracaso.
Que nuestros muchachos tengan la posibilidad de
preguntarse a fondo para qué Dios los puso en este mundo, en esto
tiempos de tantos desafíos para nuestra fe y ante la crisis de valores
que vive nuestra sociedad.
Exhorto paternalmente, a las Escuelas Católicas para
poner lo mejor del testimonio de sus educadores, como discípulos y
misioneros, en comunión eclesial, a fin de que la dimensión vocacional
tenga prioridad en el educar , formar y acompañar de sus alumnos.
A Ustedes queridos Jóvenes: les hago llegar mi abrazo
hecho oración y bendición. Vale la pena dejarlo todo, para seguir a
Jesús que los llama a estar con Él y para enviarlos a predicar con poder
de expulsar a los demonios (Mc 3,13-15). Dios los ama y los quiere
libres. “Él no quita nada y lo da todo” como nos decía el Papa
Benedicto. Cristo espera ti “Sí” para que sean felices y hagan felices a
los demás.
La Gracia de un nuevo Sacerdote nos lleve a descubrir
la belleza de la Vocación sacerdotal y que la Navidad a la que nos
preparamos en este Adviento nos haga encontrarnos con el Único , Sumo y
Eterno Sacerdote, Jesucristo, que nace en Belén para ser el Sacerdote de
la Humanidad y por las manos consagradas de los sacerdotes se hace
presente entre nosotros, en cada Misa, como el Pan vivo que da sentido y
da la vida al mundo.
Que Nuestra Señora, la Virgen del Adviento y del
Cenáculo nos prepare para una Navidad con Cristo y con los hermanos,
especialmente con los menos amados y con gestos concretos de amor.
Los bendigo de Corazón en el Niño Dios, ternura del
Padre que nos ama, para que nos amemos.
¡DIOS
ES AMOR!
¡¡VEN SEÑOR JESÚS, VEN¡

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
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