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Queridos hermanos
Un nuevo
Adviento se nos ofrece como gracia, para preparar una Navidad que sea
cristiana, una Navidad con Cristo y con los hermanos.
El Adviento
es un tiempo sagrado, que concentra y expande una gracia, capaz de
transformar los corazones y las conductas, la familia y la sociedad. Es la
gracia de vivir con el corazón lleno de esperanza , una esperanza
contagiosa y comprometida, que nos hace confiar en Dios y abrirnos a las
necesidades de los demás.
Es un
tiempo de gracia, pues el tiempo nos es algo que pasa, sino que es Alguien
que viene y nos llama a vivir cada instante de nuestra vida, respondiendo
a la vocación que nos une a todos y es el llamado universal a la santidad.
Todos estamos llamados a ser santos.
Es un
llamado de Dios en forma de Palabra viva y eficaz que nos llega por
una voz, la de Isaias que es Profeta de la Esperanza y la voz austera y
comprometedora del Bautista con su mensaje de conversión: "Preparen el
camino del Señor".
Es un
llamado en la ternura y la humildad de un niño que está en el seno
virginal de María: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien
pondrán el nombre de Emanuel, que significa : "Dios con nosotros".María,
es figura clave del Adviento y su mensaje.
Es un
llamado poderoso que nos abraza desde la pobreza de un signo que hace
presente el amor más grande y tan cercano, en la celebración consciente y
participada de cada Eucaristía.
LA
EUCARISTIA, FUENTE Y ALIMENTO DEL LLAMADO A LA SANTIDAD
El Año de la Eucaristía es el marco espiritual que nos
compromete a vivir todo el Año Litúrgico como encuentro con el Cristo
viviente y todo su misterio de amor salvador y en cada Eucaristía
"convoca, celebra, santifica y envía".
El llamado
a la santidad tiene su fuente y su culminación en cada Eucaristía. Es
Cristo que se dona al Padre y a nosotros, para que hagamos cada día lo
mismo que Él. Llamados a ser hombres y mujeres capaces, por la acción del
Espíritu Santo, de entregarnos y derramarnos por amor, como lo hizo Él y
nos lo exige en cada Consagración . Hacer de nuestra vida una Eucaristía.
En cada
Eucaristía somos llamados encontrarnos con Cristo y entrar en su corazón
para tener sus mismos sentimientos y aprender de Él como vivir el camino
de santidad, tanto personal, como familiar y comunitario. Es un
descubrimiento cada vez más profundo de los rasgos de una sólida
espiritualidad cristiana, que son los del seguimiento de Jesús hasta la
Cruz Pascual.
"Amados por Dios" nos dejamos seducir por el Señor Jesús que nos
recuerda que Dios es Amor. "Tenemos la certeza de ser amados y de vivir
cada día sostenidos en los brazos del Padre".
"El, es el manantial vivo de nuestra esperanza" No estamos
solos en el camino, Cristo está siempre viniendo" "Yo estaré siempre
con ustedes"; y camina a nuestro lado en los demás. La esperanza nos
aviva la fe y el amor, y hace brotar en el alma una confianza absoluta en
el Señor.
"La espiritualidad evangelizadora está marcada por un intenso amor
a cada persona.
¿No es indispensable oír el llamado del Espíritu a cuidarnos y
sostenernos unos a otros con entrañas de misericordia? Esto lo
aprendemos en la intimidad con el Señor.
"En un mundo donde reina la competencia despiadada , los cristianos
sentimos el llamado de Dios a hacer juntos el camino de la fraternidad
como rostro humano de la comunión, y esto nos hace creíbles. "Sean
uno para que el mundo crea".
"Cuando somos testigos valientes y fervorosos,
experimentamos que evangelizar es verdaderamente la dicha y la vocación
propia de la Iglesia. Con fervor misionero queremos gritar el
evangelio con toda nuestra vida y a todos los que nos quieran escuchar.
"En la simplicidad de la entrega cotidiana, expresamos el ardor
misionero e intentamos responder comunitariamente a las exigencias de los
tiempos nuevos".
LA
CELEBRACIÓN EUCARISTICA, CORAZÓN DEL ADVIENTO
El camino hacia la Navidad , necesita del Adviento para poner a
punto nuestra vida de santidad con gestos concretos que respondan a las
exigencias de la espiritualidad de la comunión. Por eso el Adviento
necesita tener su corazón en la Eucaristía , especialmente de cada Domingo
para aprender de Jesús el estilo de vida evangélica y dejarnos amar para
amar en serio a Dios y a los hermanos.
Los invito
a buscar gestos concretos de amor a Dios y de gestos concretos de amor, de
perdón y de servicio a los demás, especialmente a los más necesitados,
material o espiritualmente.
La Navidad
se prepara así, eucarísticamente, reconociendo el Rostro de Cristo que nos
mira con amor y nos llama a ser buenos, a ser santos. En la Eucaristía se
encuentran el Amor de Dios y el amor del hombre. Amor que santifica y sana
porque es un amor que tiene raíces en forma de Cruz. En la Eucaristía
el Señor, nos llama , nos reconcilia, nos ama y nos envía.
Que cada
familia tenga en la celebración eucarística, la fuente de su más profunda
identidad y la fuerza para vivir con fidelidad su vocación y su misión de
ser iglesia en pequeño, santuario de la vida , escuela de virtudes y de la
espiritualidad de la comunión.
La
Eucaristía hace que los esposos defiendan la vida desde la concepción
hasta la muerte natural y los hace padres generosos, para que todos se
sientan felices de haber nacidos siendo fermento de la cultura de la vida
superadora de la cultura de la muerte que avanza cada día más.
De la mano
de María, la Madre de la dulce espera, vivamos este Adviento y en él, el
misterio de su Inmaculada concepción como expresión del Amor de Dios y de
la fuerza redentora de la Cruz.
Que
María nos ayude a los argentinos a encontrar en los valores evangélicos la
fuerza para superar la cultura del egoísmo con la cultura del amor y del
trabajo que dignifique a todo el hombre y a todos los hombres.
Los abrazo
a todos pastores y fieles con mi bendición y oración y confío en la de
ustedes.
San Justo,
8 de Noviembre del Año del Señor 2004
¡DIOS ES AMOR!
Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo
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